jueves, 13 de marzo de 2025

SPINETTA, su amor allí

 


Por Roberto Toledo

Fue el 29 de abril de 2004 a las 20.30 horas en el teatro Teletón. Spinetta vino a Chile a presentar su disco "para los árboles".
Recuerdo que en esos años la Rock & Pop tocaba como single el tema "A su amor alí". En la Futuro en cambio, escuche un par de veces el tema "Cisne" del mismo disco.

Aquel día Llegamos al teatro con mi polola de aquel entonces, quien el año 2000 me había regalado el CD doble de "Spinetta y los socios del desierto" del cual tocábamos con mi banda una versión a la chilena del tema "Cheques", que sacamos muy cuidadosamente con mi colega el gran "Chucho Aedo". Por aquellos años a otro amigo rocker, su novia también le había regalado el mismo disco y broméabamos: 

"¡Este CD es regalo de pololas!".

Y bueno, por fin apareció Spinetta en el escenario. Melena crespa, alto, flaco, con un chaleco negro de cuello subido, tipo beatle. Al lado Claudio Cardone, quien lo acompañó hasta el final del concierto con un sintetizador pequeño pero ultramoderno y que respecto de los sonidos, en su mayoría pianos con atmósferas ambiente, las hacía todas.

Comenzó con el tema del momento, "A su amor allí" y siguió con "Barro tal vez". "Si no canto lo que siento...me voy a morir por dentro..." frase que me quedará en la cabeza para siempre. Spinetta era un ídolo, lo tenía muy claro, una especie de Dios para su fanaticada. "¡Señor, no me tome fotografías, usted no pagó para eso, pagó por escuchar música!" le dijo a un tipo que estaba en las primeras filas tomándole fotos con una cámara digital. En ese tiempo no existían los teléfonos de hoy. Al rato otro tipo, desde la oscuridad y sin haber mayor motivo dió un grito... Spinetta le dijo "¿Flaco que pasa?...¡Andá a comer ñoqui!" lo que generó risas y aplausos.

En un momento el ambiente se puso tenso. Unos tipos le comenzaron a gritar ¡Dennos el gas! ¡Devuelvan el gas! porque en esos años, Néstor Kirchner había cortado el suministro de gas hacia Chile. Pero Spinetta, no pescó.

El tracklist se hizo un buen rato somnoliento. Creo que dormí en tres o cuetro temas. El concierto era denominado "Electroacústik" así que nada que hacer. Mi polola igual durmió. Años después otros amigos que fueron a ese recital comentaron que también habían dormido.
Uno de los últimos temas fue "Durazno sangrando". Genial. Para rematar comenzaron a pedir "Muchacha ojos de papel" pero el flaco paró el webeo y dijo, "¡No voy a tocar mucama ojos de mantel!", vine a presentar esta nueva música. Punto.

Me simpatizó Spinetta por ser capaz de pararle máquina a su público, pero con simpatía y a la vez muy serio.

Al final, ovación. Se colaron unos locos al escenario a abrazarlo y él respondía con el mismo gesto.


Al salir del teatro una promotoras ofrecían el disco "Para lo árboles". ¿Cuánto vale? pregunté. ¡Siete mil! -Dijo una de las nenas-, !Mil pesos más barato que la Feria del Disco! Dijo la otra. Lo conservo hasta hoy, un CD de un impecable digipack y hermoso diseño que incluye un librito interno con las letras. 


Tengo ese recuerdo de Spinetta en vivo. Hace un tiempo saqué sus discos para observarlos. Miento si digo que los escucho de una pasada porque es imposible. Siempre hay temas que reviso de su material, porque no es un arte fácil. Spinetta es difícil, no es canción de fácil enganche, es canción de armonía,  melodía y letra compleja, por tanto, para prestarle atención, hay que disponer de una buena energía, poner a trabajar la cabeza y esto último de todas maneras, siempre es rescatable, pero hay que dedicarle tiempo, bien que muchas veces, se hace escaso.


Últimamente escucho  "Artaud" en donde viene "Cementerio club" que comienza con la frase "Justo que pensaba en vos nena...caí muerto".
Ahí sobre la mesa dejé sus discos, como una liturgia, me puse a mirarlos y seguir escuchando. Me faltan algunos y los seguiré recolectando porque son un legado creativo que de vez en cuando, hay que repasar.

Gracias Spinetta. Donde estés. Sos Groso!

 

 


jueves, 6 de febrero de 2025

Richard Dudanski - El punk antes del punk

 


En el documental de Julian Temple;Joe Strummer, The future is unwritten; (2007) aparece nombrado un chileno: se trata de Antonio Narváez quién tocó la batería en el naciente grupo The 101 & #39 ers. Pero Antonio en un momento y por asuntos personales se tuvo que ir de viaje y sin dar fecha de regreso - en 15 días los 101' ers debían tocar y no había tiempo para esperas- fue reemplazado por un inglés: Richard Dudanski, otro músico de esos que se formaron como todos los rockeros de la calle. Tocando y perseverando al compás de rigor.

En el documental de Temple también aparece Richard Dudanski a quien Joe Strummer apodaba "Snakehips" (caderas de serpiente), junto a otro tipo que le decían "Dick, the shit"; (el mierda). John Mellor, es decir, Joe Strummer ponía divertidos sobrenombres a sus compañeros.

Antonio desde Barcelona me envía a Chile el libro de Richard. Aquí en el culo del mundo muy pocos saben que los verdaderos "Punks" usaban el pelo corto, se afeitaban la cara y usaban ropa y calzado utilitario para poder trabajar y ganarse sus pesos para comer. Todo lo contrario a los hippies. Aquí en Chile los "punketas" aún se disfrazan de pavos reales con crestas de colores paradas con jalea sin sabor, usan chaquetas de cuerina o eco cuero barata adornadas con remaches y salen a pedir dinero a las calles.
Claro, Antonio y Richard son viejos amigos. Comparten una historia. Una gran historia que junto a muchos otros vieron nacer.

"Protopunk y más allá. Una memoria musical desde los márgenes".
Y claro, el libro de Richard Dudanski es un relato escrito por un músico, un baterista. Aquí no media un periodista que pregunta y adapta la respuesta del personaje al relato. Me pasó con "Life" la biografía de Keith Richards. Lleno de recuerdos, aventuras y desventuras del mundillo musical rockero de Inglaterra de los años setenta. Antes de Margaret Thatcher. Nacían los SEX PISTOLS seguidos de THE CLASH. Dudanski narra sus experiencias de vida y el entorno de esa época. Un Londres de los años setenta en donde los parados ocupaban las casas que administraba el ayuntamiento. De ahí el término "Squat"; más conocido por estos pagos como "Okupa";. Prosigue su aprendizaje musical en distintas bandas. Es la única forma de ganar experiencia en la batería. Termina participando en el disc Metal Box de PIL. Tal vez el registro más inmediato y de fácil acceso a este músico que hoy vive en Granada, España.
Este libro contiene grandes relatos que nos hacen abrir los ojos respecto de la mafia del negocio musical.

Por ejemplo. En un momento Richard Dudanski y Joe Strummer seleccionaron un compilado de grabaciones de su antigua banda, The 101' ers y editaron un disco de carácter póstumo. Al enterarse Bernie Rhodes quien era el mánager y dueño de la marca "The Clash", se presentó en la casa de Dudanski para persuadirlo de que no hiciera negocio con uno de sus empleados, es decir, Joe Strummer y de que no publicara el disco pues para él, no había tajada. Lógicamente el autor del libro lo mandó a la mierda y lo echó de su casa mientras Rhodes, quien en algún momento también se creyó artista lo amenazaba con insultos y soltando la típica frase de los mercachifes que pierden: "¡Viviré para que te arrepientas de ello!".

Dudanski aclara que antes de la moda PUNK el descontento y la rebeldía ya existían en la música. Este movimiento impulsado en Inglaterra por Malcom Mc Laren mánager de Sex Pistols y Bernie Rhodes, mánager de The Clash (ambos amigos, vaya sociedad) le pusieron ropa a la moda a esos jóvenes descontentos con el sistema. Y además de ropa, les pusieron música. No hay joven sin conflictos de rebeldía. Un público asegurado. Una mercancía con la imagen de rebelde que desde el principio e irónicamente hasta hoy se puede comprar en el supermercado pagándola con tarjeta de crédito. En fin, paradojas.

Se agradece Mr. Dudanski.

Richard Dudanski
Londres Ciudad Okupada.
Protopunk y más allá. Una memoria musical desde los márgenes.
Libros.com 2017




jueves, 2 de enero de 2025

JORGE ROBLEDO, MUROS, PUENTES Y JOHN LENNON


                                                                                                     Por: Roberto Toledo.


Jorge y Ted Robledo fueron dos hermanos nacidos en Chile que hicieron

carrera futbolística en Inglaterra. Jorge era una estrella del Newcastle United

y el día de la final del campeonato de la liga inglesa, es decir, el 3 de mayo de 1952, 

Jorge Robledo anota el gol que le da el triunfo a Newcastle. La foto, es de ese 

momento.


Un mes después, en junio y a la edad de 11 años, John Lennon pinta a sus ídolos del 

fútbol. Después, un poco más de dos décadas después y ya pasada la “beatlemanía”, 

Lennon publica "Walls & Bridges" y escoge como portada del disco el dibujo que hizo 

cuando niño.


Siempre #9 Dream, (tema que aparece en este álbum) me ha volado la

cabeza y se ha convertido en algo especial para quien suscribe. Aparte que

fue publicado el año que nací, el mismo mes y ahora sé que un chileno

aparece en la portada. Leí por ahí que Lennon fue invitado a Chile durante el

Gobierno del presidente Allende, pero por problemas con su visa de

inmigrante inglés en EEUU y Nixon a la cabeza, el asunto pudo traerle más

problemas que un viaje feliz.


Y a propósito de feliz, que tengan un feliz 2025. No dejen de escuchar, aprender 

y descubrir música.

jueves, 5 de diciembre de 2024

Encuentro con un sudamerican pank

 


Por: Roberto Toledo. Periodista.

Fotografía: Antonio Narváez (archivo personal).

Era la segunda mitad de la década del setenta en aquella Inglaterra sin Margaret Tatcher, lo que significaba jurarle lealtad a su majestad la Reina, asilo político y seguridad social. Por aquellos años Antonio Narváez era chileno dando vueltas por esos pagos desde antes de nuestro golpe Estado. Fue el primer baterista de los 101 &39;Ers, la banda con la dirección de la casa okupa en la que participaba Joe Strummer previo a hacerse mundialmente famoso con The Clash.

Posteriormente sus tambores quedan registrados en los dos primeros discos de su amigo y compatriota Alvaro Peña: "Drinkin my own sperm" (1977) y Milks mom not powder (1978).

Antonio Narváez es el único chileno nombrado en el documental dedicado a Joe Strummer “The future is not unwritten” (2017) del director inglés Julien Temple.

En 2019, el retirado fotógrafo free lance y por siempre amante del Jazz, música que difundió más de 20 años en su programa “No sólo jazz” a través de Radio Contrabanda F.M. de Barcelona, viajó a Chile porque fue uno de los jurados del Festival In-Edit aquí en Santiago.

En nuestras conversas comentó alguna vez: “¡Es un regreso para tal vez nunca más volver!”. 

Esta es la síntesis de una historia lejos de los brillos y la mitomanía fabricada por la publicidad y el marketing. Finalizaba aquel invierno de 2019 y en una cafetería aledaña al Parque Forestal de Santiago de Chile, Antonio Narváez (Valparaíso, 1943) evocó algunas de sus andanzas con la música

Esta entrevista fue publicada en Rockaxis en abril de 2022. Esta versión tuvo algunos ajustes.

¿Por qué llegó a la batería?
Yo escucho música desde que soy muy jovencito. Desde antes de caminar. Y mi madre es colombiana y en mi casa siempre había música -y dentro de las músicas- que ella escuchaba estaban los ritmos colombianos. La gente cuando habla de ritmos colombianos piensa inmediatamente en la cumbia y el ballenato. Pero también estaban el joropo y el bambuco, que son músicas tradicionales de Colombia. Y estaba esa música sonando en casa, aparte de la música se sonaba en la radio, y cuando los niños empiezan a caminar y te toman de los deditos para que no pierdas el equilibrio, ella con la música iba medio bailando conmigo. Entonces, digamos la música para mí es algo que no tuve que prestarle una atención especial porque era parte de mi vida.

¿Cuál es su relación con ese instrumento?. Todas las músicas folclóricas tienen ritmo, percusión, entonces yo andaba por ahí golpeando. Y después a los 13 años, me encuentro con la eclosión más que la explosión del Rock & Roll, el año 1956 o 57, que a través de la radio llega con mucha fuerza, Bill Halley, Elvis, Little Richard y toda esta gente. Y otra vez, tenemos ahí otro ritmo poderosísimo. ¿Y lo enganchó?. Sí, inmediatamente, fan total y absoluto. 

¿Qué le pasa cuando aparece Violeta Parra?
Uno se empieza a dar cuenta que hay otras realidades que le son ajenas a uno. Pero no por ser ajenas no son reales y te afectan porque tienen que ver con otras facetas de tu país donde tú vives que están ahí, han ocurrido o están ocurriendo y hay alguien que más que cantarlas, te las está arrojando a la cara para que te enteres, tú, ignorante blanquito de clase media o alta, que hay otras realidades ahí afuera. 

¿Cómo vivió ese cambió que presentó el contenido de la “Nueva Canción”?
Había un gran interés por nueva canción chilena, incluso por los compositores por la música folclórica de otros países y fundamentalmente el país vecino que es Argentina. La samba, la chacarera y además también había influencia de otro país vecino por el norte que es Perú con la cueca y la zamacueca porque resulta que nosotros tenemos aquí en Chile la cueca y ellos tienen la marinera, que es una cueca y después está toda la música andina, de Bolivia, que es norte de Chile, norte de Argentina, norte de Perú, Bolivia, que es una música que ha influenciado desde Víctor Jara a todo el mundo.

Inglaterra. El 101 de Walterton Road en Londres, muchos sin casa viviendo de okupas ¿Quiénes eran los 101 Ers? Estaba Patrick, que sabía tocar la guitarra y cantaba. Estaba Woodie, que posteriormente fue Joe Strummer, pero en aquella época se hacía llamar Woodie. Estaba Simón, que tocaba el saxo, pero originalmente fuimos Patrick, Woodie, alguien más, Simon y yo, creo. 

¿Cómo se armó esa banda?
Primero yo puse la batería, fui, compré piezas que faltaban, pies de plato, las baquetas, y montamos una batería, lo mínimo, pero había una batería. Tuve que comprar parches para el bombo, un pedal para el bombo y teníamos una batería. Y después no me acuerdo cómo Woodie apareció con un amplificador, para una guitarra eléctrica. Allí nadie realmente era músico en el sentido estricto de la palabra -porque el tocar un instrumento no te hace músico- porque llamar a alguien músico, para mí, es una cosa seria. Y así comenzó como un grupo de amigos que compartía una casa okupa a tocar música. Todos fuimos
aprendiendo de a poco, desde prácticamente no cero, pero desde ¿lo mínimo? y como autodidactas.

Tiempo después con Alvaro Peña participa en la grabación del disco "Drinkin my own sperm” ¿Qué recuerda de esa experiencia? Como Álvaro llevaba la voz cantante – que es lo único que hay agregado- nosotros tocábamos piano y batería al mismo tiempo, pues yo pensé que él iba a grabar las bases de piano para yo después tocara encima por eso es que yo paré un par de veces porque dije:
“¡Bueno, que siga grabando él la base de piano y yo después puedo arreglar algo o tocar encima!” Pero no fue así. Después cuando fuimos a editar aquello, a hacer la mezcla, Álvaro agregó un teclado electrónico, un sintetizador, unas líneas de bajo que se pueden apreciar levemente, unas líneas de bajo muy elementales, muy básicas.

¿Cómo fue la reacción en el estudio? Estaban bastante sorprendidos, no entendían nada.
¿Qué dijeron los ingleses?. Cuando estábamos en las mezclas, escuchando algo que habíamos grabado, el estudio de grabación estaba en la planta baja, primer piso y en la pecera donde estaba el técnico ahí había una escalera de caracol que llevaba a las oficinas que estaban en el piso superior. Había una trampilla tipo submarino. De repente se abre la trampilla y una mujer que trabajaba arriba asoma la cabeza y dice: “¿What kind of music is that?”, (¿Qué música es esa?), “¡It sounds like south american punk!”, (¡Suena como punk sudamericano!) y nos reímos, porque ni yo pensaba que era punk y quien escuché el disco sabe que lo que menos tiene es de punk, pero fue la única vez que yo escuché a alguien, primera y única vez que escuché a alguien diciendo eso. 

¿Qué estudio era?. Era un estudio… no me acuerdo, porque resulta que Álvaro, después descubrió que, a pesar de ser un estudio pequeño, había pasado gente bastante importante. Incluso creo que hasta la Joan Jara apareció por ahí con unos casetes de Víctor Jara para que los digitalizaran. 

Un concepto: Chile
Chile es una larga y estrecha franja de tierra que limita… a la izquierda que ya no sé si es el este o el oeste con el océano pacífico, a la derecha con la cordillera de los Andes, al norte con el Perú y al sur con la Antártida y es eso, una isla. En un continente que se llama Sudamérica. 

¿La música para el ser humano?
La música para el ser humano es algo que empezamos a percibir desde que estamos en la barriguita de la madre porque lo primero que estamos escuchando ahí es ritmo, es el latir del corazón de esa mujer, entonces ya nacemos con una pulsación rítmica que es importantísima y como esa pulsación rítmica es muy importante en la música, pues la música es vida.

Otro concepto: Volver. Es el título de un tango.
La vida. Lo que precede a la muerte.
La amistad. La amistad no es importante. Es imprescindible.


viernes, 1 de noviembre de 2024

Recuerdos en MINI DISC

 


Roberto Toledo. 
Periodista.

Creo que fue en  2002 o 2003 cuando compré mi Minidisc.
Maravilloso. Significaba el traspaso del caset a los inicios de la compresión de los archivos de sonido. Es decir, muchas canciones en un solo dispositivo. Lógico, comenzaba un nuevo siglo y había que tratar de ir a la par.

Mi tío Manolo a fines de los años 80 o principios de los 90 se impresionó mucho con un casete de 30 cuecas que no paraba de dar vueltas en la radio. Mi tío, un hombre de campo y trabajador de la tierra, por esos años me preguntó lleno de curiosidad "¿Cómo en esa caja tan chiquitita hay tantas canciones?".

Muchos años después, con la llegada de la computación todos comprendimos lo que significa un MB o un GB o qué decir un TB. Claro, entendimos este asunto de inmediato porque nos tocó estar en medio del traspaso de lo mecánico a lo digital y vivimos la partida de la máquina de escribir a la llegada del llamado "computador". Junto a esto, muchas otras cosas cambiaron.

La particularidad del Minidisc es que mecánicamente, como dispositivo híbrido -mitad mecánico y mitad digital - para el usuario, tiene el mismo principio que el ochentero Walkman. Se abre la tapa, se mete el casete, en este caso el mini disco. Pero la carga de archivos debía ser por software que traía incluido, para traspasar los archivos MP3 o WAV desde el ordenador.

El Minidisc tiene una capacidad de 140 MB y 80 minutos de música, lo que hoy parece de risa. Pero en esos años almacenar esa cantidad de canciones era casi el umbral de las maravillas del mundo.

Fue una tecnología cara. Era poca la gente que tenía un MD. Por cierto, a veces me preguntaban ¿Qué es eso? Una vez me dijeron ¡Qué chico ese "personal estéreo! .

Hace unos días volvió a aparecer ante mis ojos. Lo volví a usar y escuché la música que tenía guardada. Tengo alrededor de 80 MD con música. Parte de la cual me regaló mi querido amigo Simón T.

Entonces, un salud por el MD. No ha perdido su calidad de sonido, que no se puede comparar con el artificial sonido digital de hoy, el del famoso streaming.
Me quedo con el Minidisc, lejos.

jueves, 3 de octubre de 2024

Kurt Cobain, In Útero

Por: Roberto Toledo, Periodista.


Recordé a Kurt Cobain porque hace muy poco su hija, fue madre por primera vez. O sea, Kurt hoy sería abuelo y sin duda, estaría chocho con un nieto varón.

Retrocedo el casete: Nirvana explota en 1992 con el Hit “Smells like teen spirit”. Y de repente aquel 5 de abril de 1994 la noticia dio la vuelta al mundo: Kurt Cobain se suicidó de un disparo.

Aquel gringo rubio de cara insípida que todo el día se quejaba que "la fama era solo un montón de mierda" y que gracias a eso que tanto despreciaba ostentaba una cuenta de millones de dólares, dejaba de existir.

Pero la muerte y el morbo agrandan la mitomanía de los artistas. Nirvana se hizo más popular. Hasta la naciente Revista Rock & Pop chilena publicaba en su número 1 nada menos que el rostro de Kurt. Obviamente el nuevo mártir del rock debía ser vendido hasta el final y Chile obviamente no iba a ser la excepción a ese nuevo mercado.

2024, el mito de Kurt sigue vendiendo y no para de hacerlo. ¿Qué faltó en la vida de Kurt Cobain? Lo tenía todo. Al menos eso parecía.

Para bien o para mal, Kurt se presentó ante el mundo como un ser triste, aburrido de sí mismo y del mundo. Estar deprimido y disconforme en la década de los 90s era parte de estar a la moda. Moda por cierto, bastante idiota.

Mi cercanía a Nirvana la hice recién en 2013, cuando en la ecografía nos dicen que esperamos una niña lo que con la madre nos sorprendió, porque dos meses antes nos habían dicho que era un varón. “Come as you are” (ven tal cual eres) resonaba en mis oídos haciéndome un sentido especial ante esa situación.

La música, la muerte, los mitos.

De alguna u otra forma, Kurt vuelve al mundo, esta vez, con una nueva vida.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Valentín Trujillo

 


Por: Roberto Toledo. Periodista.

Ayer el editor me envió un mensaje de audio para que le enviara la columna de este mes. Ya estaba atrasada. Lo reconozco. Pensé en escribir sobre Cerati, porque se cumplieron 10 años de su fallecimiento. El quejumbroso mensaje de voz del editor -en medio de un ruido de viento y motor de vehículo decía: “mañana no más, no me queda otra, si ya tranquilo, eso, vale compadre”. Pensé ¿para dónde irá y que estaría haciendo este hombre?

Bueno, chimuchina aparte.

Jueves 5 de septiembre de 2024, el maestro del piano Valentín Trujillo Sánchez, de 91 años, fue reconocido por el Gobierno con el Premio Nacional de Artes Musicales de Chile.

Trujillo, humano de oído absoluto, hijo de la profesora Clementina Sánchez y el minero Juan de Dios Trujillo, músico profesional del conservatorio de la Universidad de Chile, militante comunista, es ese músico culto que tiene un vínculo transversal a través de su arte con el pueblo. Categoría que muchas y muchos aparecidos quisieran, pero no todos logran.

En los 80 los que crecimos viendo sábados gigantes, lo vimos dirigiendo la orquesta y poniéndole características de piano a las pesadeces de Don Francisco. Luego con el Profesor Rossa y Guru - Guru. Momentos hilarantes de risa en las que este señor de especto bonachón, tocaba el piano y jugaba como un niño.

Un niño que también fue silenciado musicalmente luego del golpe de estado cuando supo que habían matado a Víctor Jara. En la UP tocaba el piano con Pin Pon, muñeco creado por el actor Jorge Guerra y que fue calificado de marxista por la dictadura.

Valentín Trujillo comenzó su carrera en 1943. Es la enciclopedia viva de la verdadera música popular chilena porque es el único que tocó con casi todos, de izquierda y de derecha, como Los Quincheros.

En la conmemoración de los 50 años del golpe de estado interpretó nuestro himno nacional en una elegante versión de salón, quitándole el perfil marcial que a la derecha tanto le gusta. Nada que decir, una fineza del maestro.

Y nos alegramos de corazón por este reconocimiento más que merecido -pero tardío- a alguien que ha sido un verdadero aporte a la cultura y a la ilustración del pueblo a través de la música.  

Si lee esta columna, gracias por la música maestro Valentín. Maestro eterno.

Cerati puede esperar, tengo también una historia que contar.

 

 

jueves, 1 de agosto de 2024

Camilo Sesto y mi tía Ana

 


Por: Roberto Toledo, Periodista.

 Camilo Sesto llegó a cantar por primera vez a Chile en 1973, dos meses después del golpe de estado. Hizo unos conciertos para apoyar la “reconstrucción nacional”. Luego, su fama por estos pagos estalló en el festival de Viña del Mar en el verano de 1974. Yo nací en octubre del ’74.

Entre mis recuerdos de niñez aparece en el muro de la habitación de mi tía Ana un póster de Camilo Sesto, que apareció “gratis” por aquella época en la Revista Ritmo, clásico pasquín de moda, música y esquema juvenil de ese tiempo.  

Y ahí estaba el póster de Camilo Sesto pegado al muro. Cada visita a casa de mi abuela, en la habitación de mi tía Ana estaba Camilo Sesto, la misma cara de la foto que acompaña esta nota. Como vigilante solitario que miraba de frente y desde el muro: la cama de mi tía.

Y así fueron pasando los años.

Cada visita a esa casa estaba Camilo Sesto. Imperecedero. Primavera, verano, otoño, invierno. Inundaciones, terremotos, siembras y cosechas. Camilo estaba ahí observando todo como testigo de la presencia, la ausencia, la alegría, la tristeza, la vida y la muerte de esa familia.

Una vez después de muchos años, mejor dicho, un par de décadas, ya en el mundo de la internet mi impresión fue notoria al darme cuenta de que Camilo Sesto seguía pegado en el muro, como algo fuera de época o demodé. Lo miré más de cerca y no de tan arriba. Claro, yo había crecido. Camilo ya no parecía estar tan arriba.

De pie y cruzado de brazos me pregunté lo mismo: ¿Cuántos años lleva este póster aquí?

El papel ya se estaba poniendo sepia evidenciando que la época de los setenta ya había quedado atrás hacía bastante tiempo.

Sin embargo, por ahí en 2015 el póster ya no estaba. Hasta lo extrañé por el recuerdo sentimental de haber sido parte del escenario familiar por años. Y un día, en una reunión de familia encontré a mi tía Ana y le pregunté por el póster:

- ¿Oiga tía y el póster de Camilo Sesto que tenía en su pieza?

Mi tía, que no se caracteriza por su sutileza me miró extrañada por la pregunta y me respondió lejos de todo atisbo de nostalgia:

- ¡Lo saqué poh, me aburrió ese weón maricón!

jueves, 4 de julio de 2024

Entrevista a Antonio Larrea

 


Por: Roberto Toledo. Periodista. Entrevista realizada en 2009.

 

“…Hoy supe como apagaron tu voz. Lloré tu muerte y salí a caminar por el parque vecino al taller…quería hablar pero no había nadie. Seguí caminando y pensando…pensando…en ese derecho de vivir en paz”.

En el libro 33 1/3 RPM (nominado al Altazor 2009 en Categoría Diseño e Ilustración), Antonio Larrea (1948) su autor, evoca tristemente aquel lejano 21 de septiembre de 1973. Sólo 4 días antes, por un diminuto párrafo publicado en La Segunda se había enterado que su amigo Víctor Jara, estaba muerto. Otro de sus amigos habría sido degollado y arrojado al mar; era Jorge Müller, el flaco Müller, cineasta y camarógrafo de “La batalla de Chile” quien estuvo prisionero en el campo de concentración que tenía la FACH en el lindo balneario de Ritoque.

Por esos días previos al golpe de estado, Víctor Jara había dado el visto bueno al diseño de la carátula de su último disco que se llamaría “Tiempos que cambian”, título que posteriormente tomaría carácter de premonitorio.

Sobre la mesa están los diseños y las fotos originales de las carátulas de muchos discos de la DICAP (Discoteca del cantar popular) y cual de todas con más historia que Antonio Larrea comparte generosamente: Un joven y debutante Tito Fernández sostiene una guitarra, los Quilapayún mueven sus brazos y posan para la foto, un gorrión muerto debajo de unas letras rojas y sangrientas que gritan  BASTA, un par de originales de Víctor Jara quien los tuvo en sus manos hace más de 36 años. Hay en los diseños algunos detalles divertidos que hasta al propio Víctor le sacaron risas en su momento, hay otros simplemente impresionantes y que no se pueden publicar. Con los años, sus fotos pasaron a ser registros invaluables de una historia que se pretendió quemar.

Muchos tenemos una imagen de los 70s como que la vida pasaba en blanco y negro, sin embargo hay bastante colorido en los diseños de los discos…

La imagen real de esa época. Prácticamente se hacía todo en blanco y negro por la tecnología.

En su libro “Rostros y Rastros de un Canto” (1997) aparece una foto en color de Víctor Jara…

Que es de las pocas que yo tengo. Porque el color en esa época no estaba tan desarrollado. Como dispositivo era de muy mala calidad.

 ¿Cómo era Víctor?

Yo siempre tuve una afinidad fuerte con el...de igual a igual...compartíamos mucha creatividad...el tomaba mi creatividad de estudiante, tomaba mis propuestas, como estas líneas (señala un bosquejo de líneas onduladas) le diseñé una carátula con esa forma…que iba a ser la portada primero y después se propuso hacer un álbum, entonces eso le gustaba al Víctor, todas esas propuestas nuevas de colores, más la fuerte propuesta musical del disco “El derecho de vivir en paz” de 1972, en el cual invitó a los Blops, hay afro americano metido entremedio, entonces ambas propuestas eran fuertes y novedosas. Y eso era mutuo. El traspaso de creatividad. Para su lanzamiento, que fue en el antiguo teatro Marconi (hoy Providencia) proyectamos diaporamas sobre el telón de cine y ya había un cuento audiovisual. Víctor me pasó las letras de las canciones y pude graficarlas. Entonces esas cosas me motivaban a mi y a el. Nunca hubo imposiciones, lo que yo le proponía le gustaba. Recuerdo que conversamos de ponerle el título y quedamos de poner todo adentro. El disco es blanco completamente. Cuando tu lo abres te encuentras con todos esos colores y el título.

De pronto, Antonio Larrea saca de un estuche una de sus “joyitas”. Me dice que haga a un lado el tazón de café, lo que me sugiere que estoy a punto de ver una pieza única. Y es nada menos que el original del disco “El derecho de Vivir en Paz” de Víctor Jara que pone cuidadosamente sobre la mesa. Los míticos arco iris ondulados parecen enrollarse e iluminar la oficina. Son pintados a  mano. Perfectos. Al lado de ellos Víctor fuma mirando hacia la izquierda, es la imagen que posteriormente daría la vuelta al mundo.

Lo veo y no lo creo, impresionante, ¿Cuántos años estuvo escondido este original?

Siempre estuvo conmigo. Todo lo que tu vez aquí siempre estuvo conmigo, mis archivos de fotos, los bocetos, los atesoré y como no me allanaron los pude conservar. Así como un día estaba Víctor mirando los diseños de sus discos, al otro llegaba la Isabel Parra, otro día venían los Quilapayún y en especial Willy Oddó, quien era un chiste todo el rato… A veces llegaba con una sarta de machas con queso y hacía machas a la parmesana porque el departamento era grande, tenía una cocina grande y nadie le daba bola hasta que gritaba: ¡Ya están listas las machas!, después se ponían los ponchos y se tomaban la foto todos serios.

¿Que sentía cuando los discos de la nueva canción chilena eran quemados?

Más bien temor. El temor estaba generalizado en el país. Un elemento como la tapa de un disco podía generar miedo en la familia. Bueno, generó ese miedo, otros, los que se dieron cuenta que eran históricos los enterraron en los jardines...

Fueron más previsores…

Pero el temor se metió hasta en ese tipo de cosas, hasta tener una gráfica. Acuérdate que se prohibió el sonido de la quena, el pelo tenía que ser determinado corte, no se podía usar barba, hasta el más mínimo aire de simpatía por la UP era peligroso y falleció mucha gente por este tipo de cosas. Después desaparecí. Vicente estaba en Ecuador.  Una vez llamaron preguntando por los directores de DICAP y tuvimos que explicar un poco lo que hacíamos. Pero eran preguntas absurdas como por qué usábamos colores rojos, pensaban que éramos del partido. Nosotros éramos una empresa comercial.

 ¿Usted era militante de la izquierda?

Siempre he tenido un pensamiento independiente en relación a todo. Religión y Política. Eso me permite pensar para todos lados. No soporto que me dirijan la mente aunque piense igual que tu.   No necesito tener un cartel para decir yo soy así. Prefiero que mi pensamiento fluya y pueda yo mismo decir estoy equivocado...

Libre pensador...

Libre pensador...por su puesto que fluyo hacia la izquierda...me formé políticamente en esa época...empecé como estudiante de diseño y a través de todos esos acontecimientos hasta ver el mismo golpe de Estado.  Quedé marcado por esa situación....tampoco estábamos tan insertos en la política o si no ahora no tendríamos capacidad de hacer tantas cosas y quizás fue bueno eso porque estábamos paralelamente trabajando, pero motivados por otra situación más artística y representando algo como solucionar la portada de un disco  con un tema determinado.

Es imposible no vincular los diseños con la UP...

Y las canciones también...los primeros discos fueros utilizados para la campaña de Allende, Por Vietnam de Quilapayún, Pongo en tus manos abiertas de Víctor Jara...hasta la cantata que salió un poquito antes de la elección de Allende, fuera que nosotros estábamos haciendo los afiches de la campaña, yo le hice el afiche del “por ti venceremos”, ese fue el afiche principal.

¿Les mandaron a hacer afiches a pedido?

El Partido Comunista con lo dogmático que es en las portadas de los discos nunca nos puso una dirección. Nada. Nuestro contacto era directamente con los artistas. Y a ellos tampoco los dirijan.  Quizás en algunos momentos les pidieron canciones más dirigidas y se nota...a mi no me gustaban incluso porque se salían de toda la creatividad más espontánea y bueno porque también en esa época había una revolución mundial fuerte como la guerra de Vietnam, la revolución del 68, bloqueo en Cuba, la UP por acá, la guerra fría, lo que estaba pasando en Argentina, había discusión por todos lados como para cambiar el mundo.

Sin duda esa época marcó parte de su vida…

Pasé por la esquina, miré pa’ llá, estaba pasando algo y entré. Después salimos y todo esto se convirtió en historia….

¿Quién era Homero Caro?

Lo descubrió Víctor Jara. Tiene una voz preciosa. Me encanta. Al Homero le hice una carátula muy bonita, muy simple y Víctor lo presentó, lo llevó a la Peña de los Parra...El Homero se fue al exilio...falleció en Francia se enfermó, le dio depresión, murió al tiempo después.

 ¿Nunca más supo de su amigo Jorge Müller?

El último rastro del flaco está en Ritoque. Ahí había un campo de concentración de la FACH. Supuestamente  lo lanzaron degollado al mar. Porque así los tiraban. Imagínate esa acción. Yo me pongo en el caso de el...lo que sufrió...se me revuelve el estómago.

 ¿Usted dónde estaba para el golpe?

Yo estaba en la calle Bulnes y vi pasar los aviones. Para mi fue un impacto haber visto bombardear la moneda con el Presidente adentro. Era un tiro al blanco el que se estaba dando. Ese fue el primer impacto...a mi también me bombardearon en ese momento.

¿Y después en los 80?

Empecé como a revivir todo el cuento. Los primeros encuentros en contra de Pinochet. Recuerdo el plebiscito del 78. El voto era siniestro era una bandera chilena y una bandera negra. Todas las viejitas asustadas votaban por la bandera chilena. Los votos eran casi transparentes. La mesa de votación estaba llena de CNI que te miraban. Había un terror interno. Hasta el Leigh hizo un comentario en contra de ese voto. Primero fue el golpe destructor. El segundo golpe fue el de la derecha económica que puso a Pinochet a dirigir el país hacia dónde ellos querían. Recuerdo las primeras manifestaciones en contra del régimen ahí en el Parque O´higgins. La gente nos sacaba fotos. Incluso yo tomé algunas en ese momento pero todos se asustaban porque nadie sabía si uno era CNI o uno de ellos. El 86 viajé a  Australia y conocí a mucha gente en el exilio. Ahí me di cuenta de la importancia de la gráfica y las imágenes que habíamos creado con Vicente habían provocado mucho en la vida de muchos chilenos...

 

 

jueves, 6 de junio de 2024

SHIRLEY MANSON en el Chile que arde

 


Por: Roberto Toledo. Periodista.

A fines de los años noventa una de las pocas bandas del primer mundo que me
pareció interesante fue Garbage.

Puede ser que el año 1997 o 1998. Su canción "Stupid Girl" resonaba en mis
oídos gracias al sobreviviente "pérsonal stereo". Buena canción y más encima
con ese título cantada por una mujer, porque la estupidez, se quiera o no, es
inherente a los seres humanos sea cual sea el género, su identidad o su
autodenominación.

Por esos años el canal MTV emitía los videoclips. Tengo un recuerdo borroso,
trasnochado, personal, pero que viene al caso: una noche de aquella época,
madrugada más bien, me veo sentado cómodamente frente a un televisor, el
lugar estaba iluminado solamente con la luz de la pantalla. Una botella de ron,
una bolsa de hielo convirtiéndose en agua, colillas de cigarros en un plato
hondo y el humo haciendo el ambiente más denso. Estaba en compañía -
femenina, por cierto, aunque está de más señalarlo- y en medio de esa escena
de pronto aparece en la televisión la bella Shirley Manson, con un vestido
blanco cantando "I'm waiting, I'm waiting for you". Esta canción se llama
"Milk". "Esta bruja me ha embrujado", le comenté a la dama que estaba conmigo. La
canción encajaba perfecto con el momento. Bueno, todo encajó perfecto en
ese momento.

Garbage siempre estuvo en mis referentes, aunque soy fan de su primer disco.
En la década de 2000 no los seguí, de hecho, ni sé cuáles fueron los siguientes
hits.

Y así pasaron los años, mejor dicho, las décadas.

Shirley Manson vino a Chile en medio del levantamiento del pueblo. Aquel
que la oligarquía y burguesía dueña de los medios de comunicación insistió en
bautizar como “estallido”.

"Es una de las cosas más intensas que he visto en mi vida", declaró. Pero ella
no vino precisamente a apoyar esta causa, vino por otros asuntos. Coincidió
que le tocó estar en medio de la vorágine y ella, feminista, activista, por
supuesto que iba a participar y estar presente. La filmaron caminando en
medio de una marcha en la Alameda, fue a la tumba de Víctor Jara, visitó el
museo de la memoria, habló de los carabineros y dijo que "Cuando la policía
dispara a las caras de la gente no es accidental".

A veces pasa que la realidad supera a la fantasía: las sincronías, esos sucesos
externos o físicos que se vinculan con los pensamientos internos para que le
demos un significado simbólico, nos sorprenden.
Tanta fantasía que me reflejaste.
Pero eres de verdad Shirley Manson.